martes, 1 de noviembre de 2011

HILLARY CLINTON, SUS BATALLAS PREVIAS

A todo lo largo de su vida pública, primero como esposa y luego como líder, Hillary Clinton ha tenido que luchar por obtener un espacio propio y el respeto de sus conciudadanos. No le ha sido fácil, pero lo logró. Estos son los antecedentes sobre su carrera, antes de ser Secretaria de Estado.
Como esposa fiel y solidaria de Bill Clinton, Hillary resultó clave para la primera elección de su esposo y para su reelección como Presidente, no obstante sus escándalos de faldas y el juicio en el Congreso que casi lo tumba. Ella compartió los triunfos y angustias de su marido, como verdadera socia política. Eso lo reconocía el propio Clinton. Cuando fue elegido, dijo que el electorado había elegido a uno y ganado dos.
Abogada destacada, acostumbrada a trabajar y a tener un espacio profesional serio, al llegar a la Casa Blanca asumió el papel de Primera Dama de una manera muy poco tradicional, si se compara con el de sus antecesoras inmediatas, quienes pertenecían a otras generaciones. La figura con la cual se podría comparar es la de Eleonor Roosevelt, una de sus heroínas.
Al principio, Hillary se dio contra las paredes. No sabía bien cuál era su lugar. Personas cercanas al gobierno cuentan que con frecuencia rompía el protocolo. Cuando llegaban nuevos embajadores a presentar sus cartas credenciales, por ejemplo, en lugar de irse a una sala aparte a tomar el té con la esposa y familia del embajador, se quedaba en el salón principal y se sentaba entre el diplomático y el Presidente. Le costaba entender que la prensa y la opinión pública vivieran pendientes de detalles tan superficiales como el cambio de peinado, o de cualquier palabra suya. Los medios la atacaban inmisericordemente.
Su imagen se vio seriamente afectada por el fracaso en la reforma de la salud. El Presidente Clinton le dio el encargo de presidir la comisión que se encargaría de estudiar y recomendar cambios al sistema. No se conformó con proponer modificaciones marginales sino de fondo. Los grupos que defendían intereses y se sentían amenazados con las reformas, gastaron millones en mensajes publicitarios en contra de la propuesta y de Hillary directamente. Al final, el proyecto fue rechazado por un porcentaje alto de la opinión pública y por el Congreso.
En sus memorias sobre sus años en la Casa Blanca, Hillary confiesa que los primeros seis meses fueron brutales: recibieron tantos ataques, les ocurrieron tantas cosas, incluida la muerte de su padre, “que no sabía a donde recurrir, así que hice lo que frecuentemente hago cuando me enfrento a la adversidad: me sumergí en una agenda tan febril que no había tiempo para la autocomiseración".

Con toda la disciplina de la que es capaz, Hillary se dedicó a reinventarse como Primera Dama y a impulsar proyectos más tradicionales, relacionados con la niñez y la familia. Sin embargo, de sus Memorias resulta claro que, privadamente, continuó siendo asesora cercana de su marido en temas diversos de política interna y externa.

Al final del segundo período presidencial de Clinton, Hillary comenzó acariciar la idea de asumir un papel político propio, independiente de Bill. De lanzarse a la arena electoral, ella misma. Volvió a reinventarse, se lanzó como candidata al Senado por Nueva York y, contra muchos augurios, ganó, no obstante no provenir de dicho estado.
Luego vino la dura competencia por la candidatura del partido demócrata a la Presidencia, que Clinton perdió frente a Obama. ¿Por qué perdió?  Este es un análisis largo. En resumen, se puede decir que, dentro de sectores de su partido, había cansancio frente a los Clinton. Así mismo, que los enemigos que se habían creado se vinieron de frente contra ella. En el fondo, quizás, los demócratas no estaban listos para nominar a una mujer como su candidata al cargo más importante del país.   En todo caso, hay que reconocer que Obama era una figura atractiva, fresca y sin equipaje. Se constituyó en el símbolo del cambio.
Hillary fue elegante en su derrota. Siguió siendo leal a su partido y apoyó la candidatura de Obama. En ese momento, muchos sectores opinaron que este último debería llevarla como fórmula para la Vicepresidencia. Obama no lo hizo así. Una vez elegido, y luego de pensarlo por varios días con la almohada, le ofreció el cargo de Secretaria de Estado, el más importante en el Gabinete.
Hoy, ella puede reclamar la puesta en práctica de una nueva doctrina para el ejercicio del poder internacional de los Estados Unidos. "El poder suave" del que ella habla, o "el poder inteligente", como otros lo han bautizado.
Qué seguirá para ella?
En mi blog DESDE WASHINGTON, en Semana.com, analizo las alternativas. El link para mi columna allí es

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