martes, 11 de diciembre de 2012

Todavía no se conforman

Publicado en Semana.com el 18 de noviembre, 2012.


Hasta el último momento muchos dirigentes republicanos seguían convencidos de que Mitt Romney derrotaría a Barack Obama. El propio candidato se demoró, más de lo corriente, en reconocer el triunfo del Presidente. No salían de su asombro. Perdieron todos los estados que eran fundamentales para que alcanzaran la mayoría en el colegio electoral, excepto uno. Perdieron también el voto nacional y no se explicaban por qué.
Miles de palabras siguen siendo impresas en los periódicos y revistas, pronunciadas en los medios electrónicos y enviadas a través del Internet para explicar los resultados. Los gobernadores republicanos se reunieron y entraron en el debate sobre la derrota. Muchos culparon al candidato, otros a los miembros más extremistas de su partido. Chris Christie, el gobernador de New Jersey, dijo una verdad de Perogrullo: Romney perdió porque Obama obtuvo más votos.  Los republicanos intentaron convertir la elección en un referéndum sobre el Presidente. La campaña de este último no se dejó y la estrategia fue la de plantearle al electorado una escogencia entre dos personas, dos estilos, dos ideologías y dos plataformas distintas. En la comparación, la mayoría prefirió a Obama y decidió reelegirlo.
Pero, en últimas, ¿por qué Obama ganó el apoyo mayoritario del país y obtuvo los márgenes suficientes para triunfar en los estados clave para reunir los votos del colegio electoral, a pesar del alto desempleo y unas tasas de crecimiento que todavía son bajas?
El Presidente salió avante en los hombros de una coalición compuesta por mujeres en general, sobre todo solteras, jóvenes de ambos sexos, afroamericanos, asiáticos y latinos. Si, latinos que salieron a votar masivamente y hoy representan el 10 por ciento del electorado.
En el caso de los hispanos (y en gran medida de los asiáticos), la alta votación por Obama (siete de cada diez lo hicieron por él) se explica por las siguientes razones:

·       Aspiran a mejorar su situación económica, ofrecer a sus hijos una educación de buena calidad y tener acceso a los servicios de salud. Confían en que el gobierno de Obama les ofrecerá estas oportunidades.
·       Piensan que el gobierno tiene un papel importante que cumplir para fortalecer la pequeña y la mediana empresa, incentivar la creación de empleos bien remunerados y mejorar la infraestructura.
·       Son conscientes de que el déficit no se puede solucionar a costa de la clase media y trabajadora, sin que los millonarios y billonarios paguen mayores tasas de impuestos.
·       Creen que Obama tiene los programas más adecuados para continuar solucionando los graves problemas generados por ocho años del gobierno Bush, la sensibilidad para entender y apoyar a las clases media y trabajadora y a los inmigrantes que vinieron a este país buscando un mejor futuro para sus hijos y familia.
Las anteriores razones hicieron que los latinos se pronunciaran de manera contundente en las urnas. Ya no podrán seguir siendo ignorados o menospreciados políticamente.
En el caso de los jóvenes de ambos sexos y las mujeres solteras, el extremismo de los republicanos frente a los llamados temas sociales, entre ellos la libertad sexual y reproductiva, resultaron fundamentales para que decidieran seguir apoyando al Presidente, no obstante las dificultades actuales para conseguir empleo. De igual manera, los programas de su gobierno para facilitar que los jóvenes de clase media y trabajadora puedan llegar a la Universidad y seguir estudios de postgrado, sin que queden quebrados antes de finalizar, y la reforma de la salud que les garantiza poder contar con estos servicios hasta los 26 años, a través de las pólizas de sus padres. Romney había anunciado que, de llegar a la Presidencia, tumbaría la reforma a la  salud u “Obamacare”.
Para los afroamericanos, no sólo el compromiso del Presidente de apoyar a las clases medias y trabajadoras fue factor fundamental para otorgarle nuevamente el voto. Las promesas hechas por legisladores republicanos,  desde el primer día de su primer período, de bloquear las iniciativas de Obama y sus programas, tuvieron que resultar profundamente ofensivas e interpretadas como racismo extremo. En consecuencia, 9 de cada 10 afroamericanos apoyaron la reelección.
De manera más general, y no obstante la endeble situación de la economía, el hecho de que durante las primarias Romney se hubiera colocado a la derecha de la derecha y hubiera abrazado las posiciones más extremas de miembros de su partido en temas como la libertad sexual y reproductiva, la inmigración y el recorte de los impuestos para los más ricos, como la fórmula mágica para hacer crecer la economía, fueron en últimas rechazados por la mayoría de los votantes. La insensibilidad de Romney frente a las necesidades y aspiraciones de la clase media no pasó inadvertida. Ya son clásicos sus pronunciamientos y metidas de pata al respecto. Al final de la campaña general, cuando se movió hacia el centro, las mayorías no le creyeron. Lo siguieron viendo como un empresario frio y calculador, dispuesto a decir y prometer cualquier cosa con tal de salir elegido.
El análisis de los avances técnicos de la campaña de Obama para focalizar los mensajes, movilizar los probables votantes y obtener los márgenes necesarios para ganar en  los llamados estados “swing” y en el colegio electoral, merece una columna especial. Son muy interesantes.


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