viernes, 5 de octubre de 2012

¿Qué sigue para Obama después del debate?

Columna publicada el 5 de Octubre en mi blog DESDE WASHINGTON en Semana.com

Durante el primer debate presidencial, el presidente Barack Obama desconcertó con su floja actuación frente al contendor republicano, Mitt Romney. El miércoles los republicanos se acostaron muy contentos, pensando que su candidato había ganado.  Los demócratas se fueron a dormir apesadumbrados.

No es que, con este debate, Obama haya perdido las posibilidades de ser reelegido. Es que dejó pasar una magnífica oportunidad para, ante una audiencia de más de 67 millones de personas, noquear a Romney de una vez por todas.

Obama se vio sombrío, carente de chispa y buen humor. Lució aburrido y, en ocasiones, molesto. Permitió que Romney tomara la delantera y lo pusiera contra las cuerdas. Ante los continuos ataques del republicano, defendió sus programas para sacar al país de la recesión, fortalecer la creación de empleos, garantizar el acceso de todos los norteamericanos a la salud, proteger las clases medias  y mejorar las finanzas públicas. Atacó algunas de las propuestas presentadas por Romney al país, en los meses anteriores al debate. Pero le faltó vigor y contundencia. Se negó a poner sal sobre las heridas en la piel del candidato republicano, como resultado de las reacciones del electorado frente a sus expresiones de desprecio frente al 47 por ciento del país, por ejemplo, cuando expresó que se trataba de personas sobre las cuales no se iba a preocupar, por tratarse de “quejetas”, incapaces de salir adelante por sí mismos.
El Presidente se encontró frente a un opositor que parecía sobrecafeinado y quien, para la sorpresa de todos, cambió súbitamente de libreto. Se declaró el defensor de las clases medias, negó que piense recortar los impuestos a los ricos, insistió que su fórmula para reducir el déficit funcionará, y se presentó como un moderado, capaz de dialogar con demócratas y republicanos para solucionar los problemas de la economía y el país. ¿Por qué Obama no le quitó la careta al nuevo Romney que apareció en el escenario, por qué no reaccionó frente a sus cifras falsas y medias verdades?

Las explicaciones que todavía se están dando son diversas: la estrategia definida por sus principales asesores, cansancio por la altura de Denver y poco tiempo para prepararse más adecuadamente, entre otras.
Obama llegó a este debate fortalecido: de acuerdo con los resultados de las encuestas previas, tenía una ligera ventaja en la voluntad del voto nacional y una más grande en los estados que son clave para esta elección. Como se sabe, el Presidente de los Estados Unidos no se elige de manera directa ni de acuerdo con la sumatoria de los votos de todo el país. A cada estado se le asigna un número de delegados o votos electorales, de acuerdo con el tamaño de su población.

Algunos tienen clara mayoría ya sea demócrata o republicana. Otros pueden ser conquistados por uno u otro candidato. Estos últimos son los llamados “estados oscilantes”, que resultan fundamentales para que uno de los candidatos complete los 270 votos electorales que se requieren para ser declarado ganador.
Obama comenzó a tomar ventaja a partir de su exitosa convención. Su discurso fue serio y convincente. Los del expresidente Bill Clinton y la Primera Dama, Michelle Obama, inspiraron a la mayoría de los demócratas y de no pocos independientes. Ambos ofrecieron razones suficientes para confiar en el Presidente y  darle cuatro años más de mandato. La audiencia, diversa y multicromática, mostró en todo momento un auténtico entusiasmo. En resumen, la convención demócrata fue muy exitosa.

Muchos candidatos, después de algunas semanas, comienzan a perder los puntos ganados al calor y entusiasmo de las convenciones. Hasta el debate, el Presidente no sólo mantuvo los puntos ganados en las encuestas hasta ese momento, sino que los aumentó. Hay que admitir que las razones no sólo residieron en los aciertos de la campaña demócrata, sino en los errores de la republicana y en las metidas de pata monumentales de Romney. Unas embarradas que no fueron simples y olvidables equivocaciones verbales. Fueron autogoles que sirvieron para confirmar las peores sospechas sobre la personalidad del candidato, su insensibilidad frente a los problemas de la clase media y los pobres y su aparente intención de seguir protegiendo los privilegios de los millonarios y billonarios, aún a costa de los más débiles.
 
Los estrategas políticos suelen recomendar a los candidatos que llevan la delantera que no asuman demasiados riesgos en los debates. En el caso de los presidentes que aspiran a la reelección, la regla general es la de que deben aparecer como estadistas serios que no caen en provocaciones. Pero Obama exageró su pasividad y cayó en la aburrición. Es cierto, no cometió errores fundamentales que le costaran puntos. Pero no reaccionó a tiempo y dejó pasar oportunidades obvias para destapar las inexactitudes de Romney y quitarle su nueva careta de moderado.

¿Significa lo anterior que el debate le vaya a costar la reelección a Obama?

No necesariamente. En primer lugar, porque no se conoce el impacto real que tenga el encuentro sobre la voluntad de voto. Las numerosas volteretas que ha dado Romney en su vida política le han quitado credibilidad. Faltan todavía tres semanas y dos debates presidenciales y otro vicepresidencial antes del día de elección. Con lo que dijo y no dijo durante el debate, Romney dejó mucho material que puede ser utilizado sagazmente en  publicidad de ataque. Lo que es también importante, Obama rápidamente modificó la estrategia y, durante las manifestaciones llevadas a cabo los dos días siguientes, dijo lo que ha debido decir el miércoles. Haciendo gala del mejor humor y la agudeza de que es capaz, el Presidente le comenzó a quitar la careta a Romney “el moderado”. Finalmente, las estadísticas conocidas este fin de semana sobre la baja en el desempleo de 8.2 a 7.8 por ciento, apoyan la tesis de Obama de que el país está mejor y que la senda que se ha recorrido debe preservarse.

Hay que continuar siguiéndole el pulso a esta campaña.

Embarradas, mentiras y aciertos en convención republicana

Columna publicada el 4 de septiembre en mi blog DESDE WASHINGTON en Semana.com

En lo que se refiere a mentiras, engaños, distorsiones y cinismo, la reciente convención republicana pasará a la historia como una de las peores en la historia de los Estados Unidos.
Las convenciones de los partidos en EEUU ya no cumplen la función de elegir los candidatos de los partidos para la Presidencia. Ellos ya llegan seleccionados, después del largo proceso de las primarias. En consecuencia, no existen sorpresas o emoción.

El papel que cumplen las convenciones, ahora, es el de servir como acto de unificación partidista y de coronación del candidato respectivo, ofrecer una imagen positiva de él y su compañero de fórmula para la vicepresidencia, entusiasmar las bases, conquistar nuevos votantes y exponer la propuesta. Vamos a ver qué tanto cumplió la convención republicana de la semana pasada:
El partido republicano hizo esfuerzos por mostrarse como un partido amplio e inclusivo.  Su gran reto es el de conquistar el voto de un mayor porcentaje de mujeres, latinos y afroamericanos. De allí que entre los oradores escogidos hubiera un gran número de representantes de dichos grupos. Sin embargo, cuando las cámaras mostraban los delegados, el panorama era impresionantemente blanco, blanco, blanco y rubio, rubio, rubio. Aquí o allá, se captaba un muy reducido número de personas de color y  razas distintas. Casi lucían como elementos de decoración para romper la monotonía cromática. Esta contradicción podemos considerarla como la primera embarrada.

La participación del admirado Clint Eastwood, justo antes del candidato Romney, se constituyó en una comedia de equivocaciones. Al principio, cuando un Eastwood muy envejecido, despeinado y de voz cascada pronunciaba palabras sin orden o sentido aparente, los presentes no entendían lo que estaba sucediendo: estaba haciendo el show de la silla vacía, en la que se le habla a un personaje imaginario que se supone la ocupa. El personaje era Obama. Cuando los presentes entendieron, rieron mucho. Confieso que también reí, pero después sentí un inmenso pesar por el gran Eastwood, el actor y director y, más recientemente, el relator del patriótico comercial que puso a hablar a los Estados Unidos. Hizo el oso.
Por su parte, el orador principal de la primera noche de la convención, el gobernador de New Jersey, no pudo frenar sus ambiciones y egocentrismo. Cuando se suponía que era al mayor responsable de exaltar la figura y las propuestas del candidato, sólo hasta que llegó a la palabra 1.800, de las 2.000 que tenía su discurso, mencionó el nombre de Romney. La mayor parte la dedicó a destacar sus propias experiencias y éxitos en su Estado o a exaltar sus virtudes como líder. ¡La embarró!

En el terreno de lo vergonzoso, está el caso de un par de convencionistas que vieron a una camarógrafa negra de CNN. Le tiraron maní y le dijeron: “Tome. Con ésto nosotros alimentamos a los animales”. El escándalo se extendió en segundos por las redes sociales y los medios. Las sacaron de la convención pero afianzaron el temor de que entre sus miembros pululan racistas del más profundo extremismo.

En lo que se refiere a mentiras, engaños, distorsiones y cinismo, esta convención pasará a la historia como una de las peores. En primer lugar, casi todos los oradores acogieron la acusación de que Obama había afirmado que los empresarios no habían construido sus empresas. Lo que quiso decir el Presidente es que la infraestructura construida por el Estado había facilitado el desarrollo de la empresa privada. Lo citaron de manera amañada para acusarlo de enemigo del sector privado.
El propio candidato Romney cayó en algunas mentiras o distorsiones. La principal fue la de que reiteró la acusación de que Obama se propone recortar en 715 billones de dólares el programa de salud para los pensionados (Medicare) para financiar su reforma del sector, con lo cual perjudicará a las personas mayores ya retiradas. No, lo que propone Obama es un esquema para disminuir los costos de Medicare y las sumas que facturan médicos y hospitales, sin perjudicar a los pensionados. Más aún, hace algunos meses Ryan propuso desde el Congreso la misma suma de recortes en los costos de ese programa y Romney posteriormente lo apoyó.

Hablando del candidato a la Vicepresidencia, indiscutiblemente se coronó como el más mentiroso. No había terminado sus palabras, aplaudidas entusiastamente por los convencionistas, cuando los periodistas enumeraron por lo menos seis mentiras relacionadas con las propuestas o realizaciones de Obama respecto de la reforma a la salud, Medicare, creación de empleos, fracaso de una empresa automovilística, presupuesto y la comisión creada para solucionar el déficit. Llegó al cinismo de atacar al Presidente por el fracaso de dicha comisión, cuando Ryan fue uno de los artífices del fracaso, al oponerse radicalmente a sus recomendaciones.  Se ganó seis pinochos.
Después de las convenciones de cada partido, sus candidatos ganan algunos puntos en las encuestas. Esas ganancias algunas veces persisten, y en otras ocasiones se desvanecen.

En el caso de la convención republicana de la semana pasada, los delegados presentes en Tampa gozaron y se rieron de lo lindo. Por primera vez, quizás, demostraron real entusiasmo por Mitt Romney y veneración por Paul Ryan. Se puede decir, entonces, que sirvió para reunificar el partido y entusiasmar las bases. Sin embargo, los resultados de las encuestas hasta ahora publicadas no se movieron en su favor. Cero de ganancia. Lo anterior puede querer decir que los personajes y los discursos se vieron y sonaron mejor en el salón de la convención, ocupado por los más activistas miembros del partido, que en los hogares que se conectaron a través de la televisión u otros medios de comunicación.
La gran falla de esta convención, entonces, sería la de que no aumentó la intención de voto por Romney, entre los sectores que debía conquistar: el de los todavía indecisos, mujeres y minorías. Una conclusión más clara se podrá sacar después de la convención demócrata que finalizará el jueves de esta semana.

Y es que el discurso de Romney estuvo literariamente bien escrito, pero fue muy pobre en detalles sobre lo que se propone hacer en caso de llegar a la Presidencia. Es más, su programa de cinco puntos no sólo fue planteado de manera muy superficial, sino que representa principios elementales de la ortodoxia conservadora. Muchas de las  frases bonitas contradicen algunas de sus propuestas, y las ideas planteadas por Ryan desde la Cámara de Representantes, que fueron apoyadas calurosamente por Romney. Difícil que, con éste programa, conquiste indecisos y votantes más liberales.

La esposa del candidato, Ann Romney, desempeñó un papel adecuado, presentando detalles sobre su matrimonio, las cualidades personales de su esposo y su carrera. Parte de su misión era la de tratar de humanizar a un candidato que todavía es percibido por muchos como insensible a los problemas y aspiraciones del norteamericano corriente y sin principios firmes. La señora Romney cumplió esta parte de su función adecuadamente. Mejor de lo que muchos esperábamos. De otra parte, dedicó gran parte de sus palabras a seducir las mujeres votantes, que se muestran tan esquivas en el apoyo a Romney. Ella misma se proyectó como una mujer valiente en la enfermedad, de carácter y que ama a su marido. Queda en duda que haya logrado convencer a un porcentaje significativo de sus congéneres.

El mayor acierto de la Convención fue la presentación de la exsecretaria de estado, Condoleza Rice. Su discurso fue de altura: el de una estadista que sabe lo que está diciendo. La manera como lo pronunció y ella se presentó, muy acertadas. Quedó posicionada como una de las líderes más valiosas  e intelectualmente sólidas en el partido republicano. Si ella hubiera sido la compañera de fórmula para la Vicepresidencia, como tantas veces se rumoró,  Romney tendría más posibilidad de atraer el voto de las mujeres y las minorías.

Humo negro sobre el gobierno de Chávez

Columna publicada el 27 de agosto en mi blog DESDE WASHINGTON en Semana.com

El humo negro que todavía está saliendo de la refinería de Amuay en Venezuela está tiznando la cara del Presidente Chávez y de todo su gobierno. Si no logran limpiarlas pronto, las repercusiones electorales pueden ser muy significativas.
En materia de elecciones muy rara vez hay resultados seguros. De repente estalla un escándalo sobre alguno de los candidatos, se produce un hecho que pone de presente la incompetencia del responsable o un fenómeno natural afecta el país, sin que las autoridades atiendan adecuadamente a los damnificados, para que se produzca un tsunami en la opinión pública. Solamente después de que los votantes han expresado sus preferencias en las urnas y los votos se han contabilizado correctamente, se puede saber quién o quiénes fueron los ganadores legítimos. Cuando algunos analistas pensábamos que las elecciones parecían cuesta arriba para el candidato de la oposición, Henrique Capriles, estalló la más importante refinería en Venezuela, con un resultado, hasta este momento, de 48 muertos y muchísimos heridos.

Sucede que tres días después de la conflagración, los bomberos y técnicos no habían logrado apagar el incendio. No obstante lo anterior, el lunes por la mañana el Presidente de PDVSA declaró que el fuego estaba contenido en el área de los dos tanques de depósito en llamas. Por la tarde, el Vicepresidente de la República informó que un tercer tanque se estaba incendiando. ¡Quiera Dios que la grave situación no se les siga saliendo de las manos!
Hasta ahora, los destrozos no se limitan a lo sucedido en la refinería. Con ella estallaron edificaciones vecinas, algunas de las cuales eran ocupadas por miembros de la guardia civil y sus familiares. Otras, por humildes familias que perdieron todo. Finalmente, también fueron afectadas fábricas aledañas. Sus empleados, de la noche a la mañana, quedaron sin sus empleos y fuentes de ingreso.

Es probable que esta tragedia haya sido causada por falta de mantenimiento oportuno y por incompetencia en el manejo de la planta. Existe el testimonio de varios obreros de PDVSA que desde horas antes sintieron un fuerte olor a gas. Igualmente, los de trabajadores de una fábrica vecina que sintieron el mismo olor y fueron autorizados a dejar la edificación antes del final de sus turnos. Lamentablemente, los trabajadores del siguiente turno no fueron evacuados y muchos de ellos fallecieron. Uno alcanzó a enviar un dramático mensaje de texto, minutos antes de morir, en el que daba cuenta del fuerte olor a gas. El Presidente Chávez no ha aceptado la explicación de que, por falta de adecuado y oportuno mantenimiento, escaparon gases que terminaron por convertir la refinería en una poderosa bomba que estalló. Tememos que su promesa de llevar a cabo una estricta investigación no será cumplida antes de las elecciones.
No obstante lo anterior, el humo negro que se desprende de las llamas del complejo petrolero de Amuay está cubriendo, no sólo el cielo de la refinería, sino el prestigio que todavía conservaban el Presidente Chávez y su gobierno. Más aún, si la información oficial respecto de la existencia de suficiente gasolina para satisfacer la demanda interna no resulta cierta y si en Amuay no se pueden reiniciar pronto las labores de refinación, la paciencia de la población venezolana terminará por agotarse, a pesar de la manera discreta y contenida con la que han informado los medios.

A esta tragedia se suma la ocurrida hace pocos días en el centro penitenciario Yare I, cuando un enfrentamiento entre reclusos dejó un saldo de 25 muertos. Cifras no oficiales calculan que durante el primer semestre de este año más de 300 reclusos han perdido la vida en este tipo de enfrentamientos.
Para no hablar de los damnificados por las lluvias de la semana pasada que todavía no han sido atendidos. Cuando el Presidente anunciaba la organización de apoyo para las islas del Caribe que fueran afectadas por la Tormenta Tropical Issac, 1.500 familias del Táchira seguían aisladas y sin alimentos a causa de los derrumbes causados por el invierno.

Todos estos hechos están teniendo como resultado el aumento en el número de venezolanos que se preguntan quién o quiénes los gobiernan, quién asume responsabilidades y hasta cuándo van a tener que aguantar. Esta reflexión puede conducir a un gran aumento en la votación por Henrique Capriles. Lamentablemente, y como lo señalé en mi columna de hace diez días, “las ventajas del monopolio gubernamental  de los medios electrónicos de comunicación…y la falta de controles por parte de otros órganos del Estado, entre ellos los electorales” pueden conducir a que la voluntad de los votantes no sea reconocida en los resultados “oficiales” de las mismas. Sin una efectiva observación electoral externa, las autoridades pueden idear mecanismos para amañar los resultados a su favor.

viernes, 17 de agosto de 2012

Nubes negras para la oposición venezolana


Las elecciones presidenciales en Venezuela parecen cuesta arriba para el candidato de la oposición, Henrique Capriles. Como diría algún joropo llanero, de esos que tanto gustan al Presidente Chávez, nubes negras cuelgan sobre el horizonte y la oposición todavía no ve el sol.
Desde el comienzo de la campaña, los retos para cualquier candidato opositor parecían muy grandes pero remontables. Los problemas de violencia en el país, de derroche, corrupción, escasez de alimentos y fallas en los servicios públicos, entre otros, hacían prever un nivel de cansancio con el régimen actual que podría estar aproximándose a la saturación.  Más tarde, se creyó que la enfermedad de Chávez y su larga permanencia en Cuba dejarían un espacio que podría ser ocupado por el candidato de la oposición unida.  Sin embargo, el manejo que el gobierno le dio a la enfermedad y la atención constante de los medios, hicieron que Chávez mismo, o su imagen, copara ese espacio. Como el mismo Presidente lo dijo con ocasión de su recaída, “Chávez ya no soy yo; Chávez está en las calles y se hizo pueblo, se hizo esencia nacional”. Y el Mesías venezolano resucitó, con menos energías pero decidido a quedarse en el poder.
La identificación de los sectores populares venezolanos, mulatos, mestizos y negros con Chávez, desde siempre, fue evidente. Se reconocieron en él, lo vieron como uno de ellos. Con sus discursos y promesas, Chávez les fue mostrando que sentía sus problemas como propios y les prometió que asumiría su defensa y protección frente a las oligarquías blancas que siempre los habían explotado. La identidad y la confianza resultantes son factores esenciales para poder ganar elecciones en los tiempos de hoy y para mantenerse en el poder.

Para Henrique Capriles Radonski resulta mucho más difícil demostrar a los sectores populares que es como ellos y que se compromete seriamente a luchar por sus intereses. No solo su piel es más blanca y sus rasgos más europeos, sino que forma parte de una familia “burguesa” con apellidos extranjeros. Como si fuera poco, inició su carrera como miembro de uno de los desprestigiados y casi desaparecidos partidos tradicionales. Cuando Capriles apenas estaba comenzando a identificarse a sí mismo y a proyectarse como el futuro y el camino para una Venezuela mejor, Chávez se le adelantó y lo bautizó con un venezolanismo despreciativo: “majunche”. Es decir, poca cosa, pendejo.

El electorado natural de Henrique Capriles, como candidato de la oposición, se encuentra en los sectores de las clases medias y altas, perjudicados por el gobierno de Chávez, entre aquellos que no comparten la marcha hacia el socialismo del siglo XXI, la radicalización del régimen y la polarización que promueve. Así mismo, entre los que definitivamente se cansaron de las promesas incumplidas y los problemas sin resolver, pese a los millonarios recursos del país y del gobierno.

Pero Capriles ha estado tratando de conquistar votantes entre las clases baja y media-baja. Por ello, su estrategia ha estado centrada en evitar los ataques directos y personales a Chávez, para no producir reacciones negativas entre los chavistas sentimentales, quienes pueden todavía quererlo personalmente, a pesar de estar cansados y desilusionados. Para tratar de atraer a este tipo de votantes, la estrategia parece adecuada. Así mismo, ha venido utilizando la táctica que los asesores políticos llaman de triangulación: tomar ideas y programas exitosos del contrario, reempacándolos y presentándolos como propios.

En el caso del programa de las misiones, la táctica dejó de ser de triangulación y reempaque innovador, para convertirse en apoyo a un programa de sello claramente chavista. Ha aclarado que se compromete a mejorarlas. No es difícil imaginar que los principales beneficiarios del programa, que son los pobres, estén pensando: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Si no existe identificación con el candidato, no existe la confianza de que cumplirá sus promesas.

En las campañas políticas en Venezuela todavía ocupan un lugar central las grandes manifestaciones populares con discursos, que son transmitidas por los medios de comunicación. Chávez ha innovado creativamente esas formas de movilización, ofreciendo no sólo sus palabras sino la oportunidad de dialogar con los asistentes, a quienes les abre un espacio de participación real. A pesar de que el Mesías resucitado tiene menos energía y hace manifestaciones con menos frecuencia, ellas siguen siendo espectáculos divertidos, en los que hay de todo: patriotismo, sentimentalismo, promesas por doquier, frases punzantes, chistes, poesía, música y baile.

Henrique Capriles no es un orador de plaza pública brillante. Ese no es su espacio ideal. En consecuencia, viene recorriendo el país y yendo a muchos pueblos, aún a aquellos que son pequeños y están alejados de los principales centros urbanos. En sus giras, hace visitas casa a casa. Este esfuerzo monumental parece no estar teniendo todo el impacto que merece, ya que la televisión privada prácticamente desapareció de Venezuela y las estaciones gubernamentales son utilizadas de manera cínica para hacer campaña por Chávez. Para que un candidato nuevo pueda llegar al electorado de los sectores populares, requiere de una exposición grande a través de la TV. A votantes de clase media o alta, puede llegar a través de las nuevas redes sociales y el Internet. Sin embargo, los que en nuestro mundo utilizan estos medios son una minoría.

Mientras tanto, el Presidente Chávez y su gobierno hacen campaña con los recursos del Estado, entregando casas, electrodomésticos y ayudas, con la promesa de que si es reelegido dará más. Todo ello es transmitido en colores y alta definición.

A pesar de ser un candidato joven, fresco, atractivo y telegénico, las ventajas del monopolio gubernamental de los medios electrónicos de comunicación, el uso y abuso del voluminoso presupuesto gubernamental y la falta de controles por parte de otros órganos del Estado, entre ellos los electorales, vienen haciendo que el camino hacia el triunfo de Capriles parezca cuesta arriba.




miércoles, 1 de agosto de 2012

Encuestas e interpretaciones: ni tanto que queme al Santos...

He estado algo silenciosa en este blog y en Semana.com.

Este verano he estado complicada con algunos compromisos profesionales. Sin embargo, hoy publiqué una larga columna de análisis en mi blog DESDE WASHINGTON en Semana.com.

Se refiere al tema de la última Gran Encuesta de Semana sobre la imagen del Presidente y las interpretaciones que se han hecho, muchas de ellas poco técnicas y muy emotivas.

Digo que:

" No es necesario conocer profundamente al Presidente Santos para entender que la última Gran Encuesta de Semana le produjo una gran desazón. Más preocupado, sin embargo, debe estar por el descenso en el apoyo de algunos medios y periodistas generadores de opinión, hasta hace poco sus grandes aliados. La evidente  caída de algunos indicadores de la Gran Encuesta de Semana, ha sido el resultado, no sólo de sucesos graves y errores del gobierno, sino también de un cambio paulatino en el cubrimiento de los medios".

"La dramática interpretación que se le ha dado a los resultados de dicha encuesta en julio es señal del bajón mediático: “El pesimismo inunda al país”, se afirmó. “Bajo este marco sombrío…” se añadió. “A pesar de sus esfuerzos, la Casa de Nariño fue incapaz de detener la tendencia a la baja de los principales indicadores de desempeño”, fue la conclusión".
"Ni tanto que queme al Santos, ni nada que no lo alumbre, diría yo. No todos los indicadores vienen en picada, como lo demuestra una lectura más técnica y menos emocional de los resultados de la Gran Encuesta".
Les advierto que está larga y, en algunos apartes bastante técnica, pero creo que puede ser de su interés.
Pueden leerla en:

miércoles, 11 de julio de 2012

El sancocho latino y la política

Después de varias semanas de silencio, acabo de publicar en mi blog de Semana.com una nueva columna sobre "El sancocho latino y la política".

Digo que, "a pesar de nuestra heterogeneidad, todos los latinos en los Estados Unidos estamos interesados en una política migratoria más justa. En esta elección tenemos la posibilidad histórica de influir realmente sobre su resultado. En consecuencia, hay que votar". 

La columna la puede encontrar en:

http://comunidad.semana.com/t5/Desde-Washington/El-sancocho-latino-y-la-pol%C3%ADtica/ba-p/18009



jueves, 31 de mayo de 2012

Los apuntes de The Economist

En su edición del 19 al 25 de mayo, The Economist tiene dos buenos apuntes que quiero compartir con los lectores:

Bajo el título "Carnation revolution", al referirse a la entrada en vigor del acuerdo de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos dice que antes de que llegue a nuestro país "el primer pollo norteamericano libre de tarifas y pueda ser convertido en ajiaco, el Sr. Santos ya anunció que buscará un acuerdo comercial también con China".

La alianza entre Alemania y Francia en la Unión Europea se llamaba antes "MERKOZY", por Merkel y Sarkozy. Después de ensayar varios nombres sobre la manera en que debe denominarse ahora, después de la elección de Hollande, concluye que el nombre más adecuado es "MERDE", porque sirve muy bien para describir la situación del euro.

Las Elecciones, Complicadas para Obama

Los invito a ver mi nueva columna en mi blog DESDE WASHINGTON en Semana.com.

Cuando faltan cinco meses para las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, las perspectivas para el Presidente lucen bastante complicadas. Casi todas las encuestas registran un empate técnico con Romney. La economía y el empleo, principal preocupación de los votantes, pueden empeorar. Irónicamente, los temas internacionales, que ocupan un lugar tan bajo entre los intereses del norteamericano medio, pueden complicar la reelección aún más.

La dirección es:

http://comunidad.semana.com/t5/Desde-Washington/Las-elecciones-complicadas-para-Obama/ba-p/16177







miércoles, 25 de abril de 2012

Las fufurufas y fufurufos se tiraron la Cumbre

Columna publicada en mi blog DESDE WASHINGTON en Semana.com el 25 de abril, 2012.

¡Todos que estábamos tan contentos con la Cumbre! Y salieron las fufurufas con los muchachos del servicio secreto a tirarse la fiesta. Resulta inaceptable.

Tutina en todas las fotos de los eventos aparecía elegantísima. Definitivamente, su porte es el de una princesa española. Perdón, el de una princesa española no, porque las hijas del Rey Juan Carlos se parecen a Doña Sofía. Sufridas pero feísimas. Me estoy refiriendo a la esposa del heredero de la corona, Doña Letizia, con todo y su bulimia.

Habíamos logrado que los médicos en Cuba impidieran el viaje del Presidente Chávez, cosa que hay que agradecerles. Es posible que el autor intelectual del frenazo al Jefe de Estado Venezolano fuera el mismo Raúl. Hay que reconocer que, después de la visita de nuestra Canciller y la del Presidente, se mostró totalmente comprensivo frente a las razones que tenía Colombia para no invitarlo. Y el tipo es tan querido (al fin y al cabo caribeño), que se dejó convencer para no dejar venir a Chávez.

De otra parte, parece que fue el propio Fidel el que aceptó hacerle una llamada al Presidente de Nicaragua para que no se le ocurriera aparecerse por Cartagena durante la magna Cumbre. Para él resultaba preferible que Juan Manuel o Cristina de Kirschner fueran los encargados de defender la presencia de Cuba en las reuniones hemisféricas y no el desprestigiado y burdo Daniel Ortega, quien no tiene autoridad moral para defender la democracia modelo cubano. Menos burdo que su mujer, claro está, quien quedó muy apesadumbrada por no haber podido viajar y aprovechar la ocasión para visitar algunos curanderos famosos. Porque de éso también tenemos en Cartagena. No me estoy refiriendo a Campo Elías Terán, el Alcalde de la Ciudad Heroica, quien sale a las calles a caminar, después de sus duras jornadas de trabajo. Pero don Campo Elías parece no darse cuenta de lo que sucede en su ciudad. Ni siquiera del creciente número de muchachas, con minifalda y tacones de más de una cuarta, que se paran en las esquinas y les dicen piropos a los turistas. Debe ser que a él no lo piropean. Las fufurufas tienen razón.

Estábamos tan orgullosos porque nuestro Presidente había mojado carátula de la revista Time. En su edición para Africa, cierto, pero de todas maneras, Time es Time y no el diario del mismo nombre, en español, que tenemos en Colombia. Que a dios gracias regresó a manos colombianas, para ver si lo mejoran tanto en su versión impresa como en la virtual. Porque, justo es decir, los colombianos que vivimos en el exterior somos muy sufridos. En la página principal del .com no leemos sino noticias sobre muertos, nuevos acusados por corrupción, líos en la justicia y, por último, escándalos en el jet set. Ya no sabemos si creer en sus editoriales tan positivos o en su edición en el Internet.

En verdad, todos estábamos muy contentos. Hasta Obama había aceptado quedarse dos noches en Cartagena. La ciudad es tan atractiva que, hasta Hillary, quien fue una candidata presidencial muy serie y retraída, se animó a acompañar a sus colaboradores a un recreo en el Havana Bar. Tomó cerveza Aguila a pico de botella, rio a carcajadas y azotó baldosa para desentumirse, después de las eternas reuniones y discursos que tuvo que aguantar. Porque es que algunos cancilleres latinoamericanos son muy cansones. Dale que dale con lo de las Malvinas y con lo de Cuba.

Con lo del escándalo del servicio secreto, se aguó la fiesta. Salieron los congresistas republicanos a darse golpes de pecho y a decir que Obama no había vigilado bien a quienes están encargados de vigilarlo a él. Y que se había puesto en peligro la seguridad del estado. “¿Quién nos dice que estas chicas alegres no eran espías de China o de Rusia?” preguntaron varios. Bueno, no era para tanto. Con tal de molestar a Obama, hasta gradúan nuestras muchachas de Mata Haris.

Lo peor fue la tacañería del Servicio Secreto. Como bien dicen en Colombia, éso de no querer pagar la tarifa acordada resulta injusto e inmoral. Después de todo lo que Gabriel Silva luchó, en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, para que los cuartos traseros de los Estados Unidos no fueran importados a Colombia pagando tarifas muy bajas, que quebrarían los nacionales, vienen estos gringos a no querer pagar una tarifa decente por nuestros cuartos traseros o delanteros. Como quiera que haya sido. Con razón, el Embajador ha renunciado. Lo que sucedió fue indecente.

Y lo del Hotel Caribe, es cuento aparte. Cobran a las fufurufas que acompañan a los turistas que allí se hospedan una tarifa bastante alta y, después de que las exprimen, las obligan a salir a las 6 de la mañana, con semejante trasnocho y guayabo. No les dan siquiera un desayuno continental. Están violando los derechos humanos, especialmente los de las mujeres. Ya le anuncié a mi esposo que allí no me vuelvo a quedar. ¡Ni más faltaba!

sábado, 14 de abril de 2012

Para Hillary, esta vez tampoco será

Columna para periódicos de Colprensa que aparecerá este fin de semana.

Hillary Clinton es, sin duda, uno de los más exitosos Secretarios de Estado en la historia reciente de los Estados Unidos. Hoy es aplaudida por la opinión pública, los medios y periodistas en general, incluyendo a aquellos que antes no le tenían simpatía y la atacaban inmisericordemente. Su imagen se ha fortalecido hasta el punto de que sus porcentajes de aprobación son superiores a los del Presidente Obama.
Después de perder las primarias del partido demócrata frente a este último, muchos pensamos que la invitaría a acompañarlo como candidata a la Vicepresidencia.  Calculábamos que le aportaría un número alto de votos entre las mujeres y los sectores del partido que la respaldaban entusiastamente. Pero Obama no lo hizo así. Quizás no se sentía lo suficientemente cómodo con la que fue su contrincante inicial. Prefirió nominar a Joe Biden, quien como Vicepresidente lo ha hecho bien.
A Hillary le ofreció un importante premio de consolación: la Secretaría de Estado. Desde allí ha trabajado con lealtad, disciplina e inteligencia. Sus aportes a los triunfos internacionales de Obama y su gobierno han sido significativos. Ha logrado que su país aplique lo que ella llama “el poder inteligente” y otros denominan “el poder suave”. En momentos en que Estados Unidos enfrenta problemas económicos y presupuestales, la población se muestra reacia a apoyar nuevas aventuras militares tan costosas como las de Irak y Afganistán.  En consecuencia, frente a los retos internacionales que han surgido, se han combinado los recursos tradicionales del poder militar (duro), con la inteligencia, el uso de nuevas tecnologías en esta área, y las herramientas más suaves de la economía, la ayuda al desarrollo, la informática y la comunicación social.
Más allá de sus aportes a la estrategia, Hillary ha sorprendido por sus capacidades como gerente de la compleja telaraña de instituciones que dependen del Departamento de Estado y por el hábil manejo de problemas mundiales simultáneos,  grandes y diversos.
Con bastante anticipación, anunció que, después de este primer período de gobierno, se retirará de su puesto como cabeza del Departamento de Estado.
Los medios de comunicación y la opinión pública inmediatamente especularon que el Presidente, ante las dificultades para ser reelegido, esta vez si invitaría a Hillary como compañera de fórmula para la Vicepresidencia. Tampoco fue así. Obama no se animó a hacer a un lado al leal Biden, para llevar a una persona que, sin lugar a dudas, le aportaría muchos más votos y crecería la estatura de su gobierno. Es una lástima que Estados Unidos todavía no elija una mujer, tan preparada como Hillary, por lo menos para la Vicepresidencia.
Si Obama sale reelegido, existiría la posibilidad de que la dirigente se candidatice para la Presidencia en 2016.  Puede ser un poco tarde.  Estaría iniciando el período presidencial con 69 años y finalizándolo a los 73. 
Cualquiera que sea su actividad futura, le cabe la enorme satisfacción de terminar su gestión en la Secretaría de Estado como la más admirada líder de su país y la segunda mujer más poderosa del mundo.